RESEÑA
Con trazo firme: Barrido de Campo, de Juan José Rodríguez.
Juan José Rodríguez. Barrido de Canpo. Cascahuesos. Arequipa. 2010. Pp. 56.
Por: César Belan(*)
Permítaseme aproximarme a un texto que, compuesto por versos trazados como angustiantes síncopes, retrata –desde una perspectiva intimista- la agobiante condición de la vida contemporánea. Juan José, echando mano de la propia hipertrofia de significados –paradójicamente vaciados– de la modernidad, apuntala la sensación de desaliento de los últimos tiempos; dejando, eso sí y felizmente, a salvo una apuesta por el lenguaje reconstituyente. Lenguaje que se erige como la arcadia, como el alcázar desde dónde el sentido se proyecta como una ansiada (i)rrealidad.
I
Ya en la primera parte de esta obra: DE TU DIALECTO, apreciamos una hermosa conjunción entre lo poético y lo cotidiano –que muchas veces es más hermético e inasible que la más inescrutable poesía-.
Es así que el autor, mediante las palabras, llena los vacíos del objeto, aquel que está más vació por su condición de cotidiano. La subjetividad, a través el inexistente puente del lenguaje, traza imposibles senderos hacia un “otro”. Sin embargo, y a pesar de esta aparente función comunicante, la nobleza de la poesía radica en su torpeza al efectuar esta labor, en reconocerse como un simple paliativo ante la imposibilidad de acercar las existencias. De esta manera, la reciedumbre de las palabras -en especial de las de nuestro idioma- dota de dignidad a lo que es sólo una aspiración.
Las palabras no nos sirven, entonces, para enlazarnos con la realidad; sino para evadirla y reconstruir una propia; asediada por nombres tan cotidianos como definitivos. Así Juan José colorea con fascinante paleta sonora un paisaje tan próximo como ruin, aquel que la humanidad trata de sublimar empinándose obsesivamente sobre sus oquedades.
Cito:
El cielo como un campo (de polietileno) se agolpa en un átomo y cada átomo (de polietileno) y cada átomo es un cielo desplazado de su punto de partida localizado en la membrana de mis ojos.
En otro verso, Juan José nos dice:
Tengo que remediar el paisaje
De esta manera las coordenadas de lo natural (ahora inscritas en patrón industrial) alcanzan una significación mística En su simplicidad las palabras definen el universo reformulándolo hacia las expectativas de lo verdaderamente humano, es decir hacia lo hacia lo subjetivo, hacia lo que debería ser.
II
De otro lado, en TU DIALECTO, podemos observar como el “cuerpo” se convierte en la experiencia; en el lindero (subjetivo) desde donde se reescribe lo exterior. Un borde que se reescribe, a su vez, constantemente.
Pero el cuerpo, y sus flujos y reflujos de efusión, poseen sus propios movimientos de rotación y generan sus propias órbitas; aquellas que ninguna estación espacial pueden abordar, y que sólo las sondas que de la poesía –en homérica odisea- describen.
En DE TU DIALECTO, Juan José nos aproxima a su íntima cosmogonía, recorriendo la trayectoria de los cuerpos más esenciales; a la vez que sus versos abren para nosotros surcos paralelos a la realidad, una realidad que es sólo mutismo. Es así que al adentrarnos al poemario, progresivamente descubrimos que los astros de Juan José no son infinitas masas siderales, sino más bien tiernos glóbulos oculares que, cual nuestro planeta azul, surcan la inmensidad del silencio y lo inasible, iluminando con su carga de vitalidad un espacio vacío de sentido.
Cito:
Pronto nos retiramos- me ordena ella. El automóvil va. Si hago, no digo, hago. Giro el volante y estimo que los faros del vehículo no son la luz del místico, pero casi.
La cruel ausencia del universo en la poesía de Rodriguez ya no es la etérea, con sus –266 ºC y sus 75 atmosferas de presión; es –oh, implacable símil– aquella que evoca la vacuidad del lenguaje. Aquel resto, aquella palabra no dicha que entre frase y frase, entre oración y oración se acumula sobre nuestros hombros, hasta hundirnos en el fracaso. La comunicación entre los hombres no existe, dice Luhmann, pero el lenguaje replegado en sí mismo, degustando su propia esencia en arrebato solipsista, recrea una vez más la imposible épica de la palabra, y nos deja un dulce consuelo.
III
En ÁLBUM DE AUTOR, y tal como su propio nombre describe, Juan José nos presenta una secuencia de obras pictóricas, en su mayoría impresionistas, traducidas por él al lenguaje poético. De esta manera el autor aprehende los trabajos de los pintores, reinscribiéndolos en su universo personal. Así la reflexión estética, la crítica y valoración de una obra deviene en una elaboración personal. Ésta predilección por las vanguardias no es arbitraria, y guarda un íntimo correlato con la perspectiva personalísima de las obras que Juan José nos ofrece; obras entrevistas, y reedificadas desde su propia subjetividad.
Pandovsky al tratar el concepto de perspectiva ha señalado que, frente a la concepción discontinua, antitética, finita, del objetivismo, esa que genera una perspectiva curva con eje de fuga en forma de espina de pescado; surge otra, homogénea, que corresponde al subjetivismo moderno y que prevalece hasta el cubismo. Así bien, la primera concepción presentará a los cuerpos provistos de sus propias luces y sombras, por lo que éstos aparecerán como realidades inconexas y aisladas, sin ese común denominador que será el espacio homogéneo y su expresión simbólica: el punto de fuga. Es así que al subjetivismo –como a los bocetos líricos de Juan José- corresponderá la geometrización progresiva del universo, mediante la convergencia en un punto ideal, bien definido en los puntos de fuga, dotándose así de vida a los elementos, sustrayéndolos de su condición de cuerpos sólidos, aislados, inconexos.
En IGLESIA EVANGÉLICA, CANCIÓN DEL AUTOR, último poema de esta colección, converge finalmente la muestra. De esta manera, al término del recorrido por esta personalísima galería, se nos arroja a un episodio fabuloso donde la chirriante expresión de las vanguardias plásticas contemporáneas se recomponen íntimas, deliciosamente tiernas, dolorosamente próximas.
De allí en adelante las alusiones a las artes plásticas siempre estarán presentes en todo el poemario, en perfecta correspondencia con el texto y sus imágenes; como en tratándose de singulares técnicas que delinean un grabado de profundas impresiones, ese que finalmente es Barrido de Campo.
IV
En MARCA DE LASER las viñetas de lo cotidiano alcanzan su mayor significación y hondura. La temible confrontación entre el mundo interior y exterior alcanza rudos tonos elegiacos; aquellos que concentran angustiosas dosis de patetismo, a propósito de los rumores artificiales que pululan en los poemas. Punzantes chirridos tecnológicos, como los producidos por el más nefasto haz de luz.
La modernidad deja una estela de palabras que, recompuestas por el poeta, y que en condición de despojo, buscan asir una inasible ciudad antigua, urbe fundada antes del tiempo, la tierra prometida por el verbo.
Cito:
Un cielo con avisos de American Airlines. COMPRA. COMPRA. Tengo la noche como un contrato con el polvo oscuro de las estrellas quemadas. El alma polucionada por el dióxido de carbono catorce. Un hueso. Dos huesos. Tres huesos. Un perro dormido. La avenida. Un perro atropellado. Sesenta y ocho huesos. COMPRA. COMPRA
V
En TALA Y LUGAR las coordenadas de lo cotidiano encuentran dimensiones históricas, dispuestas como hitos en el ámbito personal y universal; y que, de otro lado, son abordadas desde el desencanto. Producto de la crisis de las grandes utopías y un racionalismo envilecido que nos impide el creer.
El malestar por la modernidad encontrará espacio definido y delicado símil en la imagen del Hospital de TU CÉLULA QUE EXPLOTA. Lugar donde se reafirma la ausencia de la modernidad circunscrita en los parámetros de lo cotidiano.
Cito:
El pensamiento es un río de agua virtual, un diagrama de flujo de las neuronas para médicos aprendices en un hospital donde los analgésicos no olvidaban –del todo- el alma.
VI
Finalmente, en VUELVES DE TU DIALECTO, y como excepcional colofón, retornaremos a la primera ausencia de lo cotidiano, ya no inscrita en términos históricos, artísticos o médicos, sino como pura lejanía ante lo que concebimos como realidad (la mirada es una lengua extranjera, dice Juan José). Sin embargo, y a la vez, aquel dialecto ya no será el mismo, será uno resurecto a la luz del ideal sanitario, de la dislocación del Yo en las vanguardias pictóricas, del desencanto por el devenir histórico. En suma, será una resurrección por ausencia.
Muchas gracias.
(*) Leído en la Presentación de “Barrido de Campo” en Arequipa, 4 de febrero de 2011.
